Para mí siempre serás "ese de ahí"

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El pasado jueves, día 14 de noviembre, a las 17 horas, 43 minutos, y 39 segundos, estaba no sé dónde ni por qué, cuando un tipo me dijo:

-Me llamo Gervasio, pero llámame Ños.
 
Yo no tenía ningún afán belicoso, aunque ante semejante atropello, sólo puedes hacer una cosa: levantar las palmas de las manos muy lentamente a la altura del rostro para demostrar que no empuñas las tijeras con las que sueles degollar a calvos, y decir:

-Eh, eh, eh. EH. ¡EHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! (berrido y pausa dramática) Perdona, Gervasio. ¿Estamos jugando a las personalidades múltiples? Cuando un policía te detiene y te pide que te identifiques para comprobar si has sido tú quien incendió el restaurante Emerson por dejar de servir pan con mantequilla, ¿le dices al agente de seguridad que sólo respondes al nombre de Excelentísmo Marqués aunque figures en tus documentos como Pedazo de Hez? O lo que sería más lógico y problable, ¿le pedirías que se dirija a tí como "Trasero sarnoso" aunque te bautizaran Mortimer? ¿Por qué ese agente tiene un trato preferencial por tu parte, y yo tengo que inventarme sonidos nuevos para nombrarte? ¿Acabo de hacer una rima? ¿No comprendes que así confundes a la gente, y les obligas a denigrarte? Mira, es igual, joder, que te calles. Espero por tu bien, y lo digo en serio porque aunque no tenga la más remota idea de quién eres te aprecio más que a mi propia vida, pues deseo de todo corazón que lo que tienes en esa jodida cabeza que evisceró el pubis de tu madre no sea un simio tocando el xilófono, sino dos, porque de lo contrario comprendería ese edificante aliento a cebolla pochada.

Esto es todo lo que tengo que decir sobre los apodos y motes. Ojalá estuviéramos en la prisión o nos cambiásemos de sexo para poder utilizarlos, pero la vida nunca ha sido guay.

Va de tetas

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Dicen algunos hombres que si te gustan las mujeres planas eres un homosexual latente. Que las mujeres de verdad tienen curvas, donde ellos quieren, claro, las famosas medidas 90-60-90 que han hecho proliferar tanto la anorexia como la silicona. Me pregunto si esa desfeminización de la mujer está relacionada con la creciente disociación entre sexo y reproducción que se ha dado en nuestra especie. Antes atraían las mujeres de caderas anchas porque dilataban con más facilidad en el parto, provistas de reservas adiposas para nutrir al feto en caso de escasez de alimento, y de generosos pechos, señal eminente de que era una auténtica nodriza. Pero visto que hoy en día a los prototipos rubenescos se los llama vulgarmente “un culo gordo como una plaza de toros”, me pregunto si es sólo cuestión de tiempo que las tetas también sean consideradas una deformidad. Para las que se han sometido a régimen y ejercicio hasta esculpirse unos senos con plástico, no habría problema. Pero hay mujeres que tenemos un pecho grande de forma natural, y es en todos los sentidos un engorro. Si encima pierde su atractivo, es para esconderlo bajo las axilas. Por un momento, piensen en las tetas en lugar de mirarlas. Pesan. Se estrían. Se descuelgan. Sujetadores con relleno. Camisetas (sí, las he visto) con relleno. Al final, hasta los pezones perderán su utilidad. Se preferirá mamar de un aséptico biberón que de algo bruno y agrietado, parecido a una verruga, a una rodilla, o (lo han adivinado) a una rodilla verrugosa. Que sí, que facilita un vínculo de apego con el hijo y lo fortalece inmunológicamente, ¿pero vale la pena si en consecuencia agrietamos unas protuberancias que además no son voluminosas en el resto de mamíferas? ¿Se acerca el fin de las tetudas?

Hacer de tripas corazón.

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Se tragó el llanto. Literalmente. Por mecanismos fisiológicos que ignoraba, el gemido en su garganta se precipitó hasta el estómago para ser corroído junto a la patata mascada. Su diafragma dejó de temblar mientras su cuerpo se concentraba en la digestión. Los comensales dejaron de escudriñar su tristeza y el camarero no le preguntaría si se encontraba bien. Había perdido el apetito con las lágrimas, pero había perdido las lágrimas con la comida. Compartió una incómoda intimidad con las personas que buscan consuelo en los restos de la cena cuando todos duermen. Los problemas seguían allí o dejaban paso a otros nuevos. Sin embargo, mientras engullías, dejabas de llorar. No pedía nada más.

Utopía

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La gente obvia la bondad ajena, la presupone y la subestima. Un atributo demasiado amplio y demasiado simple como para figurar en nuestras fantasías platónicas. Quiero que me haga reír, que me excite, que no me mienta. Quiero que tenga carisma, inteligencia y una cuenta corriente. Nadie busca una buena persona. Quizás porque, a estas alturas, nadie la espera.

Quiero la cabeza de Hydra Hyde

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Cuántos codiciaron la mente que los subyugaba, y creyeron que cercenándola atajaban la soga de sus pensamientos. Pero las serpientes reptaban bajo su piel enredadas a las venas, y sólo el fuego cercaría el final.

Probando, un, dos, tres

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Probando, probando
Probando